Desde Archivo SGAE se ha anunciado la identificación del autógrafo orquestal de La generosa, una de las zarzuelas menos conocidas de Tomás Bretón. El hallazgo se produjo durante un proceso de revisión catalográfica y digitalización sistemática, cuando apareció una partitura sin título que no correspondía a la obra bajo cuya signatura se conservaba. La investigación posterior permitió confirmar que se trataba del manuscrito de La generosa, estrenada –como hemos podido confirmar– en el madrileño Teatro Eldorado el 5 de agosto de 1902. Además, se ha identificado su fuente literaria: la comedia en 1 acto Pajarita de las nieves de Gabriel Merino, a la cual le fueron añadidos seis números de hermosa música. La noticia detallada puede consultarse en la web de SGAE. Hipótesis de un olvido Más allá del hallazgo documental, la cronología de la obra plantea interrogantes atractivos que pueden resultar de interés para el amante de la zarzuela.
Sin embargo, el dato decisivo es otro. El borrador autógrafo de La generosa (también conservado en la SGAE) está fechado el 6 de abril de 1901. Es decir, la partitura estaba concebida más de un año antes de su estreno, en agosto de 1902. En el sistema productivo del teatro por horas madrileño, donde las obras se componían con la expectativa de un estreno inmediato, este desfase resulta anómalo. Todo invita a pensar que la zarzuela fue pensada para otro teatro o empresa y que, por razones hoy desconocidas, su estreno previsto no llegó a materializarse. La secuencia de los acontecimientos refuerza esta hipótesis. Entre 1901 y 1902, mientras su posición institucional se consolidaba con su nombramiento como director del Conservatorio de Madrid, Bretón encadenó varios fracasos escénicos de signo distinto: un ‘zarzuelón’ en 3 actos como Covadonga, un sainete lírico junto a Ricardo de la Vega titulado El caballo del señorito y la ópera Farinelli. A partir de ese momento su relación con el teatro lírico entró en una fase de distanciamiento durante un lustro, mientras su actividad se orientó progresivamente hacia la música instrumental. Así las cosas, cuando finalmente La generosa vio la luz en Eldorado, el contexto artístico del compositor era muy diferente al de abril de 1901. Se estrenó en una temporada veraniega y en un circuito donde predominaban fórmulas distintas, más próximas a la revista o a la emergente zarzuela ínfima. En ese entorno, una zarzuela de ambiente rural y centrada en el juego moral de equívocos sentimentales difícilmente podía aspirar al impacto de La verbena de la Paloma o La Dolores, las dos obras con las que inevitablemente se compararon todas las creaciones posteriores de Bretón. A pesar de todo, y gracias a alguna anotación manuscrita en las partichelas conservadas, sabemos que al menos La generosa se representó en el Teatro Mayo de Buenos Aires en octubre de 1902. ¿Pero a qué suena La generosa?
La llegada de los parientes –rígidos y moralistas, escandalizados por la desenvoltura de Anita– introduce el contraste ideológico de la obra. Cuando se marchan a descansar se les ofrece una serenata: un pasodoble interpretado por la rondalla que se aproxima desde fuera de escena y que desemboca en una jota rotunda cantada por el coro masculino, con Perico y Saturnino. Pero la noche trae el enredo: la mojigata prima Lucía mantiene en secreto un romance con Ricardo, que la ha seguido desde Madrid y que salta la tapia para verla. Anita, generosa y leal, intenta ocultarlo para evitar el escándalo. El ‘Nocturno’ que acompaña esta escena despliega una instrumentación delicadísima, llena de matices, hasta que el disparo de Perico –que cree sorprender a un ladrón– rompe violentamente la atmósfera.
El clímax llega cuando la familia cree que el hombre oculto en la casa está comprometido con Anita. Todo apunta a un deshonor que parece confirmar los prejuicios contra su carácter libre y franco. La música traduce ese momento en un concertante, breve pero eficaz, heredero del gran quadro di stupore operístico. La sorpresa final desvela la verdad: Ricardo había venido por Lucía, no por Anita. El malentendido se disuelve y la protagonista queda vindicada. Pero la resolución introduce aún un último giro: Anita decide no aceptar a Perico, que ha demostrado ser un celoso impertinente, y prefiere conservar su libertad antes que someterse a un amor posesivo. Como es habitual en el género chico, la obra concluye con un breve número instrumental que retoma el aire de la jota anterior, cerrando en clave luminosa y festiva una partitura que combina brillantez popular, refinamiento orquestal y sólida técnica operística al servicio de una comedia donde la música sostiene y dignifica a su ‘generosa’ protagonista. © Enrique Mejías García y zarzuela.net, 2026
5/III/2026 |