Después de las sabrosísimas operetas orientales, El niño judío y El asombro de Damasco, y la trágica Leyenda del beso, Jesús Castejón ha cogido el toro del género chico por los cuernos ¡y con qué éxito! El director de escena y actor mima el género que ha mamado desde niño con la misma solicitud del que se sabe poseedor de una pequeña gran joya que, en el cuerpo equivocado, desluce y provoca el ridículo. El reto no era nada fácil, ya que hacía muchos años que no subían a las tablas de la calle Jovellanos dos zarzuelas tan distintas entre sí, con el único nexo del mismo compositor, contando con libretos de autores tan contrastantes como los Quintero y Arniches en colaboración, en este último caso, con García Álvarez.
Sin embargo, Castejón sabe distinguir churras de merinas, entendiendo que el sainete escrito por los hermanos más populares del andalucismo escénico poco tiene que ver con la dignísima humanidad de carne y hueso que reviste la comedia lírica de Arniches y García Álvarez. La reina mora -como casi todo el teatro quinteriano- es uno de esos textos imposibles de "actualizar". Su magia estriba en sus silencios. Saber dar a cada palabra la nota exacta para no excederse es trabajo de una orfebrería escénica que sólo unos pocos, como Jesús Castejón, conocen a las mil maravillas. Artistas como Miguel Caiceo o Charo Reina (por citar a los característicos) son dos actores que, a pesar de poder salvar por sí mismos sus papeles, no descollan por encima de ningún otro intérprete merced a una dirección escénica que sabe contener posibles tics o manías de cómicos. En esta Reina mora sólo hay lugar para el histrionismo en el caso del ridículo donjuán que Juanma Cifuentes ha hecho tipo propio en la línea de actores bufos históricos como Rossell o Carreras. O te encanta, o no le soportas A su lado debemos aplaudir el exquisito comedimiento de los cómicos, la simpatiquísima malagueña Aurora Frías -todo un lujo- y el absolutamente genial Cotufa de Paco Ochoa. Sólo con un equipo de primera como este se puede defender hoy el teatro de los hermanos Quintero.
¿Y qué hay de Alma de Dios? Desde luego que en la comedia más popular de su tiempo más de 700 representaciones seguidas el equipo artístico de Castejón ha echado los restos. Los cuatro decorados de Ricardo Sánchez-Cuerda son una auténtica delicia en realismo y vistosidad. Este Alma de Dios se ha trasladado a los barrios bajos madrileños de los años 60 u 80 del siglo XX, con un aroma almodovariano que ciertamente encaja bien con el texto. En consecuencia, el vestuario de Jesús Ruiz oscila dubitativo entre el estilismo más ye-yé y la concesión kitsch al guatiné. Moderno y apolillado, tal como era el Madrid de hace cincuenta años.
Como era de esperar el alto nivel artístico de La reina mora se mantuvo en Alma de Dios. Los retruécanos de García Álvarez y los sentimentalismos con moraleja de Arniches no rechinaron en nuestros oídos gracias al naturalísimo trabajo de artistas de la talla de Cristina Marcos (brava Ezequiela) y el propio Castejón como Señor Matías. La nómina de actores participantes es extensísima pero no dejaremos de citar a Joaquín Climent como Señor Adrián, el Saturiano de Alfredo Alba, el sacerdote de Jesús Alcaide y la Irene de la joven Ainhoa Aldanondo. Como anécdota, mencionaremos la presencia en el reparto de Manuela Velasco como Eloísa, diva española del género zombie que se pasa (¿transitoriamente?) a la zarzuela. Por último, debemos destacar el Húngaro cantado con tanto gusto y emoción por Alejandro Roy. Ovación cerrada que extrañamente no fue obsequiada con el bis.
La dirección musical de este programa doble de Serrano ha estado en manos de José María Moreno. Con discreción pero nunca con decaimiento ha sonado una Orquesta de la Comunidad de Madrid de la que sólo podemos esperar más "actitud". Son muchas las localidades desde las que se puede observar el tejemaneje de teléfonos móviles, bostezos y lecturas de salón durante los diálogos. Seamos serios, profesores de orquesta. Desde el ya lejano programa doble La mala sombra / El mal de amores y la revue asainetada El trust de los tenorios del año pasado, José Serrano ha vuelto a demostrar en la Zarzuela que es uno de los grandes. Sus partituras ya sean colosales, como La reina mora, o espirituales en su liviandad como Alma de Dios siempre funcionan y emocionan. ¡Más Serrano en nuestras vidas! © Miccone, zarzuela.net 2013
25/I/13 |