Francisco Alonso · La parranda ·
Teatro de la Zarzuela Calle Jovellanos, Madrid
(11 de Junio de 2005)
Christopher Webber

La parranda (final scene) - Teatro de la Zarzuela 2005,  Jesus Alcantara
La parranda, escena final - Carlos Bergasa y Ruth Rosique (en el centro)
Teatro de la Zarzuela 2005 © Jesus Alcantara


Murcia espectacular y mágica

Poco antes del estreno de La parranda, el siempre atento corresponsal madrileño de zarzuela.net encontró a Emilio Sagi injustificadamente inquieto ante la recepción que podían tener entre los puristas los severos cortes a los que había sometido a los diálogos. Sin embargo se podría haber evitado la preocupación ya que esta clásica zarzuela de ambientación murciana alcanza su cénit por mor de su música, con una partitura que propicia la progresión dramática a pesar de su texto escrito con una rimbombante versificación. Aunque la música de Alonso sea sencilla y carezca de grandes pretensiones se trata de la obra de un maestro en el género zarzuelístico que muestra su enorme personalidad a lo largo de la partitura. En estas representaciones se ha interpretado toda la música, lo que supone al menos seis números extra no recogidos por las grabaciones discográficas existentes. Esta producción –auténtico broche de oro para una sensacional temporada del Teatro de la Zarzuela– supone un enorme éxito colectivo para todos cuantos han participado en este proyecto, con un Emilio Sagi a la cabeza receptor de algunas de las más ruidosas muestras de aprobación.

Despojada de los monólogos más grandilocuentes escritos por Ardavín , La parranda se muestra como una estilizada historia de amor rural entre el barítono y la soprano, donde de forma semejante a lo que ocurre en La del soto del Parral o en La rosa del azafrán los grandes sentimientos amorosos aquí vividos trascienden un apasionado rapto juvenil. Los sentimientos de Aurora se potencian por un pasado en el que teme quedar presa; los de Miguel se rigen sin embargo por su convencimiento de que conquistando el corazón de Aurora habrá culminado lo que ha de ser la gran hazaña de su vida. Su dúo en el primer cuadro de la obra es un auténtico acto de fe; la escena de la boda en el segundo acto, de ejemplar construcción, se culmina con la romanza “Diga usted, señor platero” un regalo de boda del esposo a su mujer lleno de humildad, sinceridad y nobleza. Este número tiene bien merecida su popularidad como también ocurre con el ubícuo Canto a Murcia, híbrido entre rondallesca serenata nocturna y arrogante pasodoble torero, que constituye uno de los finales de acto más impresionantes de toda la historia de la zarzuela.

La fuerza del espectáculo es tal que nos presenta enfrentadas una historia de amor y un mosaico de escenas populares sin tener que recurrir por ejemplo a la cita folklórica o a la denuncia social por la situación de acoso en la escena del taller de cerámica. El escenario de Ricardo Sánchez-Cuerda , una plataforma elaborada con tablas de madera circundada por dos muros de piedra que deslizándose dejaban ver impresionantes celajes, es utilizado con inteligencia a lo largo de toda la obra, especialmente en el Canto a Murcia. No sólo podemos ver las ciento doce estrellas que Miguel le promete a su amada sino que también tenemos una maravillosa luna o unas siniestras palmeras que surgen de unas tablas a través de las cuales reverbera una misteriosa luz subterránea. Y todo ello tan apartado del realismo como se quiera imaginar a la par que hecho con magia y genialidad. El minihuerto plantado por las mujeres del coro como decoración “de fondo” para la apoteosis final no resulta menos atractivo. El elegante vestuario a lo años cincuenta potencia la estética sobria de esta espectacular producción que es a la vez moderna e intemporal.

Tampoco los medios humanos han fallado. El Teatro de la Zarzuela tiene la suerte de disponer de unos cuerpos estables magníficamente dirigidos. Además, nadie puede dejar de apreciar en lo que vale la sensibilidad de Miguel Roa para con este repertorio. Los tempi y el balance fueron perfectos. La conjunción de todas las partes implicadas en el apartado musical se llevó a cabo con enorme precisión, algo especialmente valioso si se tienen en cuenta las dificultades que ofrece la interpretación en un escenario casi desnudo. Roa trata la partitura de Alonso con el afecto, el entendimiento y el respeto que ésta se merece.

La parranda
La parranda Rosique (a la izquierda), Abascal, Esteve Madrid y miembros del coro
Teatro de la Zarzuela 2005 © Jesus Alcantara

Dos grandes actuaciones marcaron la velada. Carlos Bergasa encarnó un Miguel frágil, sencillo y algo apocado que se ennoblece a través del amor. Se le presenta de este modo a años luz del rígido rol masculino que la tradición zarzuelística ha ido decantando. Su sutil control dinámico implica que no necesita gritar para hacer que su bien colocada voz baritonal se pueda oír. Escuchar la voz de Ruth Rosique produce un placer muy especial; resuena límpida y fluida en toda su amplitud, con una perfecta afinación y una emisión de gran pulcritud. Es la soprano con mayor capacidad de persuasión en escena de cuantas hemos escuchado en el Teatro de la Zarzuela; su modo de actuar la hace capaz de transmitir las esperanzas y la desesperación de Aurora sin necesidad de desplegar ninguna estridente parafernalia. Las cualidades de Ruth Rosique se están empezando a apreciar en los escenarios de ópera de todo el mundo. Esperemos que eso no suponga la pérdida de un talento para la zarzuela.

Si la labor de los secundarios se puede reducir a una mera enumeración de nombres esto es en parte consecuencia de un inadecuado reparto y en parte un efecto de los cortes a los que Sagi ha sometido al libreto. Sin embargo está totalmente justificada una operación de esta magnitud siempre y cuando se cuente con una partitura como la de La parranda que se escucha con el mismo frescor que el día en que fue compuesta. Puede que Ardavín no vea todo esto con regocijo desde donde esté, pero con total seguridad en la calle de Alcalá, el busto del maestro Alonso estará esbozando una discreta sonrisa ante el homenaje que se le rinde en el próximo Teatro de la Zarzuela.

© Christopher Webber 2005
© Ignacio Jassa Haro (Traducción Española) 2005


La parranda, zarzuela en tres actos
música de Francisco Alonso, libro de Luis Fernández Ardavín
Teatro de la Zarzuela, Madrid, 11 de Junio de 2005

Reparto: Ruth Rosique - Aurora; Carlos Bergasa - Miguel; Mar Abascal - Carmela; Vincenç Esteve Madrid - El Retrasao; Rafael Castejón - Don Cuco; Paco Torres - Padre Vicente; Mario Martín - Manuel; Nacho San Pedro - Juez; Isabel González - Moza 1; Joaquín Córdoba - Voz interna; Francisco J. Alonso - Mozo; Xabier Pascual - Auroro 1; Orquesta de la Comunidad de Madrid; Coro del Teatro de la Zarzuela (Antonio Fauró , director); Miguel Roa - director musical ; Emilio Sagi - director de escena; Ricardo Sánchez-Cuerda - escenografía; Miguel Crespí - figurines; Eduardo Bravo - iluminación; Nuria Castejón - asistencia coreográfica


12 de Junio de 2005
Reparto: Carmen Serrano - Aurora; Luis Cansino - Miguel; Eliana Bayón - Carmela; Carlos Crooke - El Retrasao; resto del reparto igual al del 11 de Junio

Cambio de reparto y cambio de acento. En el “debe” situamos el robusto y fanfarrón Miguel de Luis Cansino, que parece trasladarnos a otras épocas con su anticuado modo de declamar o de moverse por el escenario. Aunque a nosotros no nos convenciera se supo ganar el aplauso del público. La soprano Carmen Serrano tiene un puñal de plata por voz; ésta se ha tornado metálica en la región central pero conserva sin embargo una impresionante potencia en las notas altas. Ambos cantantes se limitaron a desempeñar su cometido escénico con eficacia siendo sin embargo su interacción mutua en escena convencional.

Cuenta sin embargo con nuestro aprecio la pareja cómica Bayón - Crooke que brilló con mucha mayor luz que el otro dúo ( Abascal - Esteve Madrid). Además, la química que se desplegó entre ellos tuvo el efecto de motivar al legendario Rafael Castejón en su papel del anticuario Don Cuco; y es que la noche anterior le vimos actuar en un estado alarmantemente débil y completamente a su aire.

© Christopher Webber 2005 ©
Ignacio Jassa Haro (Traducción Española) 2005


29 de Junio de 2005
Reparto: María Rey-Joly - Aurora; José Julián Frontal - Miguel; Eliana Bayón - Carmela; Vicenç Esteve Madrid - El Retrasao; Luis Remartínez - director musical; resto del reparto igual al del 11 de Junio.

Tras haber visto tres repartos vocales distintos de una misma producción resulta muy difícil enjuiciar objetivamente la labor de los intérpretes del tercero ya que es imposible no convertir los otros dos en referente. En ese sentido la pareja María Rey-Joly/José Julián Frontal puede salir perjudicada en mi comentario. La soprano madrileña no acabó de amoldarse al papel de Aurora; cuando cantó a media voz se la comía la orquesta. Además es una cantante que cuando habla mantiene la colocación de la voz con lo que su recitado se muestra artificioso y algo pedante. El también madrileño José Julián Frontal mostró una gran sensibilidad en sus partes solistas, no sometiendo al espectador a una obscena ostentación de voz (lo que siempre cosecha grandes aplausos al concluir cada número); en contrapartida tuvo al final una gran ovación por su equilibrada interpretación de Miguel. Su limitación estuvo en el lado escénico con una lectura rígida de un personaje tan humano.

Además, la falta de aptitudes actorales de ambos cantantes generó poca química entre ellos. Esteve Madrid se mostró más desenvuelto que en las primeras noches; su bis cómica fue más natural y sumamente efectiva. Eliana Bayón exhibió por su parte notables facultades canoras. Para concluir, Luis Remartínez supo, desde el foso, dar un buen tono de conjunto a la obra, a pesar de ciertos momentos de duda que ocasionaron desconcierto en lo cantantes. Sagi y su equipo pusieron el resto. El resultado de conjunto no podía ser mejor.

© Ignacio Jassa Haro 2005


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La parranda
Francisco Alonso
portada de zarzuela.net