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Mirentxu Idilio
lírico vasco en dos actos
Música de Jesús
Guridi
Libro de Alfredo de Etxabe y Jesús
María Arozamena
Teatro Arriaga (Bilbao, 19 de Junio de
2010)
una crítica de Enrique Mejías
García |
 María Bayo como Mirentxu Foto: E. Moreno
Esquibel (Teatro Arriaga)
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Cuando uno ha terminado de escuchar la tan esperada
Mirentxu de Guridi, inevitablemente se pregunta: ¿pero esto
qué es? La respuesta no es sencilla. Mirentxu es de todo
y
de nada. Mirentxu puede ser una ópera, una zarzuela o una cantata
escénica, y sin embargo no es nada de eso. La respuesta a
Mirentxu está en la propia Mirentxu. Sólo ella
puede ser ella y ninguna más; ni Ana Mari, ni la Meiga. Mirentxu
sólo es Mirentxu y suena a Mirentxu, como Jenufa,
como Carmen y como Mélisande suenan a ellas mismas y nadie
puede osar mirarles a la cara. Una obra única, con un sonido
único, claramente alla Guridi pero todavía muy
ecléctico, muy de exploración. Hubiera sido interesante conocer
la versión original de 1910 con su instrumentación más
netamente operística y un lenguaje armónico más incisivo
en cromatismos postwagnerianos, pero la recuperación ha merecido la
pena. El Arriaga de Bilbao, con Emilio Sagi a la cabeza, se ha apuntado
un tanto con esta primicia y esperemos que se continúe por la buena
senda del descubrimiento de joyas como ésta
¿la
próxima quizá La meiga?
Describir
la propuesta escénica de Sagi sería reiterar adjetivos dichos
hasta la saciedad. Si bien desde este mismo portal
criticamos su visión de Pan
y toros, hoy debemos admitir que con Mirentxu ha dado en el
clavo. Su inimitable elegancia, su obsesión esteticista y su
conocimiento del espacio escénico, hacen de él uno de los
regiseurs de personalidad más definida y el aplauso popular
acompaña cada uno de sus montajes. Cierto es que al aficionado ya le
empieza a sonar todo en él; ya sea en La generala o en Il
barbiere di Siviglia, en Katiuska o en The Sound of Music,
Sagi & Co. resulta siempre el mismo. Sin embargo, su particular
estética se ha hermanado a las mil maravillas con el libreto de regusto
simbolista-folky de Mirentxu: ¡esta vez, sí!
La idea de Sagi encuentra siempre magnífica
expresión física en las escenografías de Daniel
Bianco. De nuevo, un poco de lo de siempre: telones-bosque como el del
segundo acto de La generala, marcos de cuadros a lo Pan y toros o
peliagudas sillas que nos recuerdan a Luisa Fernanda o Katiuska.
La iluminación de Eduardo Bravo resultó espléndida
en sus tonos peculiares para cada acto y el vestuario de Miriam Ocariz
nos pareció tan remilgado como los propios personajes. Ahora que lo
pensamos, ¿no podríamos reutilizar esta producción para la
Maruxa de Vives?
Bromas
aparte, hablemos de los protagonistas del cartellone. María
Bayo ha estudiado la carrera de canto para hacer la Mirentxu.
Sólo puedo imaginar a la vasquita enferma de Guridi interpretada por una
soprano como ella
tan
Mirentxu. Si su voz ya no es la que fuera
debemos admitir que dio las notas con sus clásicas puntillas. Su
desenvoltura en el escenario raya la insolencia cursi, aunque es indudable que
detrás de la misma se adivinan las directrices de Sagi. A su lado, la
mezzosoprano Marifé Nogales brilló con una
actuación plena de vida. En su interpretación de la Prexen
escuchamos rugir el temperamento de la hembra vasca dolida en su dúo del
primer acto con Errimundo. El papel de él fue interpretado más
que correctamente -genial en lo escénico- por Andeka
Gorrotxategi, recibiendo una sonora ovación después de su
aria en el segundo acto. La misma corrección con aplauso podría
ser la comentada para el Txanton de Fernando Latorre, mientras que se
desenvolvió en un nivel más bajo el Manu de Christopher
Robertson.
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 Fernando Latorre con miembros del Coro de Niños del
Conservatorio de la Sociedad Coral de Bilbao Foto: E. Moreno Esquibel
(Teatro Arriaga) |
Lamentablemente la dirección musical de David
Giménez Carreras al frente de la Orquesta Sinfónica de
Euskadi no pasó de una discreción dubitativa, naufragando en
los fragmentos más arrebatados. Mirentxu y Guridi se
merecían algo mejor. En otro orden de cosas no debemos dejar de
mencionar nuestra decepción con la Sociedad Coral de Bilbao
dirigida por Joan Cabero. Siendo la institución para la que fue
escrita la obra, no nos pareció todo lo apasionada en su lucido papel
como cabría esperar. Mucho mejor, al menos sobre las tablas, el
simpatiquísimo Coro de niños del Conservatorio de la Sociedad
Coral de Bilbao, dirigido por José Luis Ormazabal y que nos
brindó algunos de los momentos más mágicos de la
velada.
Preparada la edición crítica de Ramón
Lazkano, bilingüe en euskera y castellano, nos preguntamos si
tardaremos muchos años en volver a escuchar la Mirentxu por
tierras de Castilla. Un viaje a Bilbao, de todos modos, siempre merece la
pena.
© Enrique Mejías García
2010
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Reparto:
María Bayo - Mirentxu; Andeka Gorrotxategi - Erraimundo; Marifé
Nogales - Prexen; Christopher Robertson - Manu; Fernando Latorre - Txanton;
Axier Sánchez - Un viejo pastor; Niños del Coro del Conservatorio
de la Sociedad Coral de Bilbao (José Luis Ormazabal, director del coro);
Sociedad Coral de Bilbao (Joan Cabero, director del coro); Orquesta
Sinfónica de Euskadi / Euskadiko Orkestra Sinfonikoa; Daniel Bianco -
Escenógrafo; Eduardo Bravo - Diseñador de iluminación;
Miriam Ocariz - Figurinista; Emilio Sagi - Director de escena; David
Giménez Carreras - Director musical
Edición crítica
de Ramón Lazkano (Ediciones y Publicaciones Autor SRL /
ICCMU)
Nueva producción del Teatro Arriaga en coproducción
con la Orquesta Sinfónica de Euskadi / Euskadiko Orkestra
Sinfonikoa |

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Jesús Guridi (página biográfica
inglesa)
portada de zarzuela.net
23/VI/2010 |