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Cronicón madrileño Estimado Señor Editor, Llevaba mucho tiempo (demasiado) sin enviarle una de mis cartas impertinentes. La verdad es que el arranque de la temporada 2024/2025 en Madrid no resultaba alentador y a estas edades uno tiene que pensarse mucho si le merece la pena el viaje. Es curioso, porque la precariedad del panorama escénico contrasta mucho con la animación del fonográfico. Pensemos, si no, en el lanzamiento durante los últimos meses de los discos con recitales de zarzuela de Lisette Oropesa y Juan Diego Flórez, la emocionante Mirentxu de Guridi en Ibs Classical, el Venus y Adonis de Nebra en el exquisito proyecto de Los Elementos o los últimos discos publicados por el infatigable Ensamble de Madrid. Mientras tanto, en el Teatro de la Zarzuela, con presupuesto público, se organiza una temporada conformada por Marina, La del manojo de rosas, La tabernera del puerto, La corte de Faraón, y un programa doble de La revoltosa con El bateo. Este listado, traducido al lenguaje burdamente operístico, vendría a ser algo así como una temporada en la que se anunciasen Faust, Turandot, Tosca, The Merry Widow y finalmente Cavalleria rusticana con Pagliacci… Y estoy siendo (creo) generoso. ¿Nadie en el Ministerio de Cultura o el INAEM observa que el Teatro de la Zarzuela no puede permitirse el lujo de una temporada así? Si el único objetivo es llenar la taquilla lo tienen aún más fácil: que reprogramen La verbena de la Paloma de Nuria Castejón y La rosa del azafrán de Ignacio García de lunes a domingo y tendrán el teatro lleno durante más de un año.
A broma pesada me olió la reposición, ¡por sexta vez en Madrid!, de La del manojo de rosas dirigida por Emilio Sagi. Estrenada en 1990 esta producción ha vuelto a verse en la Zarzuela en 1991, 1999, 2004, 2014 y 2020. Pero no, no es ninguna broma. Si se trataba de celebrar a Sagi, ¿nadie recuerda que nunca se han repuesto sus producciones de La Parranda o La Generala? Y puestos a hablar de Sorozábal y sus colegas saineteros: ¿no podría haberse programado Don Manolito, que hace décadas que no se representa? Pues, como suele decirse, “si no quieres caldo, toma dos tazas”: en junio está programada la reposición de La tabernera del puerto dirigida por Mario Gas, que se estrenó en 2018 y se repuso ya en 2021. En esta strada polverosa (que cantaría el Des Grieux de Puccini mientras atraviesa el desierto de Luisiana), un programa de La revoltosa con El bateo casi suena ¡refrescante! Y no porque los títulos no los hayamos visto en la calle Jovellanos (La revoltosa por última vez en el Proyecto Zarza de 2017 y El bateo en 2008, con De Madrid a París), sino porque durante el Bianquismo los programas dobles de género chico fueron desahuciados de las programaciones y el propio repertorio, de hecho, quedó arrinconado en los arreglos y versiones libres del Proyecto Zarza. Excepciones a la norma fueron La verbena de la Paloma arriba citada y la trituración de La Tempranica por Giancarlo del Monaco en programa con La vida breve en 2020.
Pero hablemos de La corte de Faraón, esa opereta bíblica irresistible que, aunque sólo sea por ver en óptimas condiciones, justifica la travesía. La producción es la misma de Sagi (¡otra vez Sagi!) procedente del Arriaga de Bilbao y que ya vimos en los Teatros del Canal en 2014. La verdad es que es una lástima garantizar el sold out anunciando este título y no aprovechar la ocasión para recuperar otra zarzuela de Lleó en programa doble… pero en fin, eso sería soñar con una utopía ilustrada. La propuesta de Sagi es un remedo del estilo descarado y ultra-queer que por entonces Barrie Kosky ensayaba con éxito en sus producciones para la Komische Oper de Berlín. El paso de más de una década le ha dado al montaje una vuelta de tuerca que tiene algo de rocambolesco –un humor gay casi ‘años 90’– y que desde luego sigue haciendo las delicias del público general de la Zarzuela: señoras y mariquitas (¡me incluyo en ambos conceptos!). Me atrevería a decir que incluso escuece a cierto sector del auditorio que salía hasta cierto punto escandalizado (“¡Menuda mariconada!” escuché en la Plazuela de Teresa Berganza). Bueno, supongo que en 1910 no pretendieron otra cosa los libretistas, Guillermo Perrín y Miguel de Palacios… aunque Sagi haya cambiado completamente el cantable del “Terceto de las viudas” para convertirlo en un panfleto de “empoderamiento” femenino – ¡como si la ironía del original no diera a entender otra cosa!
Veo que esta semana se estrena La Gran Vía en el Proyecto Zarza. Dirección escénica y “versión” de Enrique Viana. Ojalá estemos ante los últimos coletazos de la obra social del Bianquismo. El asunto ya tiene poca gracia… como sus propios textos (y ahí quedan para el recuerdo Enseñanza libre o El año pasado por agua de la temporada pasada). ¡Me vuelvo a Venecia! ¡Hasta más ver! © Miccone y zarzuela.net, 2025
5/III/2025 |